La luz del jueves se filtraba a través de las cortinas con esa suavidad particular que solo las mañanas de noviembre sabían ofrecer. Valeria despertó con la sensación familiar de peso en su vientre, pero esta vez había algo diferente. Los movimientos de los gemelos eran más fuertes, más definidos, como pequeños puños golpeando desde el interior en una danza sincronizada que la hizo sonreír a pesar del cansancio.
Veintidós semanas. El número resonaba en su mente con una mezcla de esperanza y apre