El aire de la residencia había perdido su sensación de refugio. Durante tres días, desde el episodio de contracciones de Valeria, un silencio tenso había reemplazado la tranquilidad doméstica que habían construido cuidadosamente. Las náuseas matutinas se habían intensificado, pero era algo más que los síntomas del embarazo lo que mantenía a Valeria despierta por las noches.
La llamada llegó el viernes por la mañana mientras desayunaban. Enzo contestó con la eficiencia que había desarrollado dura