El domingo amaneció con esa claridad cristalina que solo traían los días destinados a cambiar el rumbo de las cosas para siempre. Valeria despertó antes del alba, su cuerpo tenso con la anticipación de las decisiones que no podía postergar más. Lorenzo dormía en su cuna, ajeno a la tormenta emocional que se desarrollaba en la habitación contigua.
Hoy, pensó mientras observaba las primeras luces del amanecer filtrarse por las cortinas. Hoy todo cambia.
Su teléfono había estado silencioso durante