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La luz del sábado por la tarde se filtraba a través de los ventanales del apartamento con esa calidez dorada que solo octubre sabía regalar a Madrid. Valeria observó desde la ventana de la cocina cómo Enzo empujaba la carriola por el sendero del parque, Lorenzo despierto y curioso, sus manitas gordezuelas intentando alcanzar las hojas que caían de los árboles. Seis meses. Habían transcurrido exactamente seis meses desde aquel acuerdo que había establecido los términos de su nueva realidad compar