La luz artificial de la sala de cirugía se reflejaba contra las baldosas inmaculadas mientras el doctor Martínez revisaba por última vez los monitores que controlaban las constantes vitales de ambos pacientes. Habían transcurrido seis horas desde que comenzó la intervención, y el transplante renal entre Claudia y Enzo había superado todas las expectativas médicas.
—Perfecto —murmuró el cirujano principal, observando cómo los riñones de Enzo respondían favorablemente al nuevo órgano—. La compatib