El vestido rojo era una declaración de guerra.
Valeria lo sabía mientras se deslizaba la seda sobre su cuerpo, observando en el espejo cómo el tejido se adhería a cada curva con una precisión que rayaba en lo obsceno. La abertura lateral ascendía peligrosamente hasta la cadera, revelando la extensión completa de su pierna derecha con cada movimiento. La espalda quedaba completamente descubierta, la tela comenzando apenas por encima de la curva de su trasero.
Carmen silbó desde el umbral de su ha