El viernes amaneció con el estruendo mediático más feroz que Madrid había presenciado en décadas. Valeria despertó al sonido insistente de su teléfono, que no había dejado de sonar desde las cinco de la madrugada. La luz matutina se filtraba por las cortinas del apartamento de Enzo, donde había pasado la noche en un sueño inquieto plagado de imágenes fragmentadas: cristales rotos, la mirada desesperada de la Princesa Leonor, y el sonido seco del cuerpo de Marcus al impactar contra el mármol.
—No