Dante Montenegro, llegó a Seda Negra, él habitaba aquel lugar algunas veces, él no entraba por la puerta principal como el resto de los clientes, no, claro que no, era el poderoso Dante Montenegro, tenía una imagen que cuidar, era el esposo perfecto, fiel a su esposa perfecta, había una entrada especialmente para él, un privado a donde nadie accedía al menos que él lo autorizara, solo Madame sabía quien era, solo trataba directo con ella, y cuando elegía a una de las prostitutas como él las llamaba, las hacía firmar un contrato de confidencialidad, revelar su identidad a alguien más le costaba su estabilidad en la ciudad, tal vez el país, no se sabe, nadie jamás se había atrevido a ir contra el Ceo Montenegro.
- Que gusto tenerlo de visita tan pronto – Madame entró al privado hecho especialmente para el Ceo.
- Madame. – dijo Dante sentado en el sillón individual, aun así, se veía tan imponente, tan sexi.
- Supongo, que hoy elegirá a alguien de mis damas – Dijo con una leve sonrisa, el