Mundo ficciónIniciar sesiónChloe estaba lista para ir a la cena con Dante, llevaba puesto un vestido en rosa pálido, cuyo corte de línea A y escote cuadrado que la hacían verse mayor, nada acorde a la juventud de su edad, el largo caía hasta media pierna, su figura no resaltaba para nada, unos zapatos de punta color nude, y el cabello recogido en el moño que siempre acostumbraba, su maquillaje fino y elegante, sus labios carnosos que no resaltaban para nada con ese tono rosa pálido que siempre usaba.
Recordó el sexy vestido que uso la noche anterior, como su cuerpo se veía tan sexy en él, y esa ropa de encaje que había quedado destrozada, por aquel sexy semental, no se comparaba para nada con lo que usaba ahora, mordió su labio inferior, recordando las embestidas, de aquel hombre, no hubo romance, ni ternura, solo una cogida placentera que ella anhelo por muchos años.
El toque de la puerta interrumpió sus pensamientos lujuriosos, ella tomo aire y entró en su papel de esposa perfecta, tomó su bolso pequeño que combinaba con su aburrido atuendo y camino hacia la puerta, al abrir ahí estaba el ama de llave, hizo una reverencia.
- El señor Montenegro ha enviado al chofer a recogerla – Dijo.
Chloe asintió, así era Dante, nunca pasaba por ella, se veían ya en el lugar indicado, para actuar como el matrimonio perfecto.
Salió de la recamara y bajo por las escaleras para ir directo hacia afuera, donde el chofer de su esposo la esperaba, al verlo a la distancia lo recorrió de pies a cabeza, era apuesto, tenía buen cuerpo, podía ser el siguiente, sacudió sus pensamientos.
- No, Chloe, nada de personas cercanas – Susurro así misma descartando totalmente al chofer como su próximo semental.
- Señora – El chofer de cabellos castaños y ojos cafés, vistiendo un elegante traje negro, hizo una reverencia y después abrió la puerta trasera de la limusina.
Ella entró con elegancia, al entrar a aquel coche el aroma de Dante estaba impregnado, colonia costosa y no podía negarlo, olía a hombre, a semental, un semental que no quería follarsela, pero no le importaba, ya no, ella ahora se buscar a los hombres para tener unas buenas cogidas.
- Los fines de semana – Sonrió.
Si, esos días eran los que Dante jamás estaba en casa, a excepción de hoy, pero bueno, conociéndolo solo sería en caso de emergencia, así que sería perfecto para que ella buscara a un amante y pudieran verse para coger todo el fin de semana. Ahora solo tenía que buscar el lugar perfecto, un lugar donde no fuera descubierta, tenía que seguir siendo la esposa de papel de Dante Montenegro.
Ella se perdió tanto en sus pensamientos, que se ni siquiera se dio cuenta cuando llegaron a su destino, se había hecho tan corto el camino.
- El Señor Montenegro, ya la espera en el recibidor – Dijo el chofer al abrir nuevamente la puerta.
Chloe suspiró, bajo con la elegancia que debía mantener la esposa de Dante Montenegro, miro el restaurante, era de los más elegantes de la ciudad, era obvio, su flamante esposo no asistía a cualquier lugar. Ella se dirigió hacia la entrada para encontrarse con él, sonreía, una falsa sonrisa que debía mostrar ante los demás, así debía ser. La señora Montenegro debía mostrarse feliz y radiante.
- Dante – Dijo con su suave voz, controlando sus deseos de lanzarse contra él y golpearlo por sus infidelidades.
Dante apartó la mirada de su celular, entrecerró la mirada y le dio una rápida recorrida a su esposa, vestía tan aburrida, sin sentido, pero bueno, así es como debía vestir la señora Montenegro, además no era como si ella tuviera algo que mostrar. Guardo su teléfono y se acercó a ella, miro a los lados de manera discreta, ya tenían las miradas sobre ellos.
- Te ves tan hermosa, querida esposa – Dijo, su ronca voz trato de sonar tierna, pero era una ternura falsa, que Chloe identifico de inmediato.
- Si, claro – Dijo, con un pequeño hilo de ironía en sus palabras.
Dante arqueo sus cejas ante la respuesta de ella, normalmente lo agradecía y le devolvía el cumplido, aunque no era como si le importara eso, se inclinó a ella y le dio un beso en la mejilla, apenas y rozo sus labios.
Chloe sintió asco al sentir sus sucios labios sobre su mejilla, ese hombre se revolcaba con cuanta mujer quisiera, recordaba las imágenes que había recibido, su enojo estaba por salirse de su control.
- Vamos, el inversionista y su esposa ya nos esperan – Dijo colocando su brazo para que ella pasara su mano alrededor de él.
Chloe suspiró y lo hizo, debía controlarse, solo sería un par de horas soportando la presencia de aquel estúpido infiel.
Los dos llegaron hasta una mesa donde estaban dos personas de mediana edad, un hombre con un traje elegante a la medida y una bella dama con un traje sastre de color turquesa.
- Disculpen la demora – Dijo Dante con educación.
Los dos levantaron su mirada, el hombre se puso de pie y saludo de mano a Dante.
- Gusto verlo, señor Montenegro – Dijo aquel hombre de cabello canoso.
- El gusto es mío, señor Vander – dijo Dante, notó que aquel hombre miraba a Chloe – Ella es mi esposa, la Señora Chloe de Montenegro – La presentó.
- Evan Vander – Dijo el hombre, extendiendo su mano a ella.
Chloe sonrió y saludo con educación.
- Es un placer – Respondió con una sonrisa.
- Ella es mi esposa, Elina de Vander – Dijo Evan presentando con orgullo a su esposa.
La mujer asintió, su cabello era rubio, claramente teñido, pero a pesar de su edad era muy guapa.
- Oh, vaya son muy jóvenes ¿Cuántos años llevan de casados? – Preguntó Elina, mirando a Dante.
Dante entrecerró la mirada, ni siquiera recordaba cuantos años llevaba atado a Chloe Burgos, tenía dudas si eran dos o tres años, pero tenia que tener la certeza de su respuesta, su matrimonio no era ningún secreto, el mundo enteró debía saber incluso la hora exacta en la que se caso con ella, todo el mundo lo sabía, excepto él.
- Cuatro años – Dijo Chloe con una sonrisa fingida, aquel idiota incluso había olvidado sus años de casados.
- qué maravilla, aún están en plena luna de miel – dijo Elina.
Chloe hizo hasta lo imposible para no carcajearse frente a la pareja.
- Por supuesto – Dijo Dante con falso orgullo.
- Tomen asiento, mi querida Elina ya no se aburrirá, tendrá la maravillosa compañía de tu hermosa esposa – Hablo Evan.
Dante ayudo a Chloe a sentarse, frente a todos se mostraba atento con ella, tenía que ser el esposo perfecto.
Chloe se sentó al lado de Elina, quien no dejaba de sonreír. Por lo menos ella tampoco se aburriría y mantendría callada como sucedía en toda reunión a la que asistía con Dante.
La cena transcurría normal, Dante hablaba de negocios con Evan, mientras que Elina hablaba con ella del matrimonio y de lo feliz que se es cuando estás con la persona correcta, claro ella tenía que fingir que Dante era la persona correcta que era feliz en sus cuatro años de matrimonio.
- Entonces, ¿Pasamos al cierre del contrato? – Preguntó Dante.
Evan rio y miró a su esposa, tomó su mano y la llevo a sus labios para depositar un tierno beso.
- ¿Qué dices cariño? – Preguntó.
Elina sonrió y acaricio la mejilla de su esposo, Dante y Chloe solo observaban con falsas sonrisas, pero en el fondo ellos ya querían irse, cada quien por su rumbo.
- Con una condición – Empezó a hablar Elina – El día de la inauguración de hotel, quiero que Chloe este presente – Comentó.
Chloe arque las cejas con sorpresa, había escuchado poco sobre que negocios hablaba Dante, dirigió su mirada hacia a él, esperando que respondiera.
- Por supuesto, ella estará ahí como lo que es, mi esposa – Dijo Dante dirigiéndole a una mirada a ella, sonriéndole con su falsa ternura.
- Así es – Se limitó a decir ella, respondiendo de la misma manera, ambos actuaban perfectamente, engañaban al mundo entero siendo la pareja perfecta.
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Después de la cena exitosa, Chloe caminaba hacia el coche, a su lado iba Dante, suponía que la acompañaría hasta el coche, para seguir fingiendo ser el matrimonio perfecto.
- Lo hiciste bien esta noche, Chloe – Dijo Dante una vez que llegaron hasta el coche.
- Lo sé – Ella se giro y lo miró. – Ahora solo hay que buscar el pretexto perfecto para que no asista a esa inauguración – Comentó.
Dante asintió, a pesar de que ella la acompañaba a casi todos los eventos de importancia, el hotel no sería construido en la ciudad, sino en una isla, donde no quería llevarla, pues pensaba disfrutar su estadía en aquel lugar con alguna amante en turno.
- Hay tiempo para pensarlo, yo me encargo – Dijo con una leve sonrisa.
Dante levantó su mano hacia el rostro de ella, debía agradecerle, ella seguía actuando como la esposa perfecta, tenía que mantenerla feliz, tal vez darle falsas esperanzas de algo que jamás sería.
Chloe sabía lo que haría, una tierna y falsa caricia en su mejilla, un agradecimiento falso y una promesa sin sentido. No quería más, ya estaba harta de sus mentiras, se apartó sin más y lo miró a los ojos su sonrisa seguía en sus labios, pero ya no mostraban ternura, ni esperanza, ahora era una sonrisa desafiante, él la engaño durante cuatro años, se burló de ella, y ahora ella haría lo mismo.
- Adiós – Dijo y se giró, dio unos pasos más, el chofer ya había abierto la puerta y subió al coche sin mirar atrás, no lo haría más, Dante Montenegro no valía la pena.
Dante, sonrió ante el rechazó de Chloe, se sorprendió un poco, si, pero incluso se sentía aliviado de no tener que fingir falsa ternura para ella, lo detestaba.
- ¿Señor? – Preguntó el chofer.
- Llévala a casa – Ordeno. Él no se iría con ella, tenía su propio coche, ya tenía pensando a que lugar ir.
El chofer asintió, cerró la puerta trasera y subió del lado piloto, Dante ni siquiera se molesto en esperar que ellos se fueran, recibió la llave de su lujoso deportivo color negro y subió. Necesitaba con urgencia llegar a ese lugar, encontrarse con ella y cogérsela de nuevo, no podía olvidarla, todo el día estuvo pensando en ella, por quien pago por su primera vez.
Él ya lo tenía decidido, aquella mujer inexperta, pero quien demostró ser toda una hembra en la cama, sería su nueva amante, y lo sería hasta que él se saciara de ella.







