Dante se llevó la mano a la mejilla, sintiendo el ardor del golpe. La miró de reojo con una sonrisa torcida, mientras sentía que la excitación le crecía con fuerza en la entrepierna. Sin darle tiempo a reaccionar, la agarró bruscamente de la cintura y la cargó sobre su hombro, dio grandes zancadas hasta llegar a la cama y la dejo caer sobre el colchón de manera brusca.
- Idiota…
Dante no la dejó ni siquiera incorporarse. Le abrió las piernas de un tirón y se encajó en medio, presionando su miem