El primer disparo no fue el final, sino el prólogo de una metamorfosis. La casa de seguridad de Long Island se había transformado en un vórtice de pólvora y cristales rotos, pero la verdadera batalla no se ganaría con balas, sino con la audacia de una mujer que había dejado de ser una pieza para convertirse en la jugadora principal. Katie Moore, tras dar la orden de ataque a Leonard, comprendió que mientras Viktor y James Ford estuvieran respirando, su familia nunca conocería la paz. Necesitaba