La luz del amanecer sobre Manhattan tenía un matiz metálico, una claridad cruel que desnudaba las grietas del despacho presidencial de la Torre Sinclair-Moore. Leonard y Katie permanecían en el centro de la estancia, rodeados por el eco de la batalla que acababa de librarse en los túneles freáticos. Elara, la "primera opción", yacía encadenada en un rincón, custodiada por hombres de la Unidad Omega, pero su mirada plateada seguía siendo un arma cargada de veneno.
El bebé dormía finalmente en su