El sol de la mañana se filtraba a través de las cortinas de seda del comedor, pero el ambiente no tenía nada de cálido. Leonard Sinclair estaba sentado a la cabecera de la mesa, rodeado por tres hombres de trajes impecables y rostros lívidos: la cúpula directiva de Sinclair Industries.
Katie entró en la estancia, vestida con un traje sastre de color crema que acentuaba su figura, pero que no lograba ocultar la ojeras tras una noche leyendo el diario de Leonard. El silencio cayó como una guillot