El siseo del gas nervioso filtrándose por las rendijas de la cámara frigorífica era el único sonido que precedía a la tormenta. La puerta de acero pesado se abrió con un crujido lento, revelando la silueta perfecta del Clon Alpha. Bajo las luces de emergencia rojas, el clon parecía una estatua de mármol cobrando vida; su rostro, una copia exacta del de Leonard, no mostraba sudor, ni miedo, ni el cansancio que surcaba las facciones del original.
Leonard dio un paso al frente, sintiendo el frío d