El ático de la Torre Sinclair, una vez símbolo de poder absoluto, se había convertido en una cámara de asfixia digital. El aire vibraba con el zumbido de los servidores trabajando a máxima potencia bajo el asedio del virus Apolión. En las pantallas, el mapa de la ciudad parpadeaba como un corazón en taquicardia, mientras Silas Sinclair, el fantasma que reclamaba la paternidad de Leonard, observaba desde el centro de control con la impasibilidad de un dios antiguo.
Leonard se encontraba frente a