El aire en el "Majestic Theatre" estaba saturado de polvo y el zumbido de los helicópteros que patrullaban el cielo de Manhattan. Leonard Sinclair, el hombre que una vez movió los hilos del mercado global desde un ático de cristal, ahora se encontraba en la penumbra de un escenario en ruinas, observando a su esposa. Katie permanecía inmóvil, sus ojos esmeralda fijos en un punto invisible del telón, procesando datos que solo ella podía ver. Pero Leonard notó algo que lo inquietó más que los Apac