SAMIRA
El humo de las camionetas del Clan de los Nueve todavía se elevaba perezosamente hacia el cielo de Santander, pero para mí, ese humo marcaba el final de una era.
El ruido de la batalla aún zumbaba en mis oídos, pero había un sonido más fuerte: el silencio de mi propia conciencia.
Durante años, mi vida como Van der Meer había sido una sucesión de misiones, de sombras y de una lealtad ciega a un apellido que hoy, frente a la inmensidad del Chicamocha, se sentía como una ropa que ya no me