ELENA
El segundero digital de la mesita de noche cambió con un parpadeo silencioso y definitivo.
3:05 AM.
El calor del cuerpo de Alaric era lo único que me mantenía anclada a la realidad en medio de la penumbra.
Mis párpados pesaban como si estuvieran hechos de plomo, y el cansancio acumulado de las últimas semanas comenzaba a arrastrarme hacia un abismo de inconsciencia.
Me acurruqué un poco más contra su pecho, buscando el latido constante de su corazón, dispuesta a dejarme llevar por el