KADYEL
El viento del Cañón del Chicamocha aullaba entre los peñascos como el coro de las almas que mi abuelo había sacrificado para construir su imperio de sangre.
El sol estaba en su punto más alto, bañando la tierra roja de Santander con una luz que no perdonaba errores. Alaric y Stefan estaban posicionados en los extremos del puente colgante del Pescadero, una estructura de madera y cables de acero que oscilaba peligrosamente sobre un abismo de dos mil metros.
A lo lejos, el rugido de tres