ELENA
El eco de los disparos de Rouse aún vibraba en las molduras de madera de la mansión, un sonido seco que se había llevado consigo décadas de manipulación y miedo.
El cuerpo de Magnus Vossen yacía en el centro de la estancia, una cáscara vacía de lo que alguna vez fue el hombre más poderoso del mundo financiero.
El silencio que siguió no fue de paz, sino de una pesada incredulidad.
Habíamos matado al dios que nos creó, y ahora, en el vacío de su ausencia, nos tocaba respirar por nuestra