ROUSE
La noche en la mansión Van der Meer no era oscura; estaba teñida de un azul profundo y aterciopelado que se filtraba por los grandes ventanales.
El silencio era absoluto, una bendición tras meses de estruendos y gritos.
En el ala este, Elena y Alaric ya se habían retirado, dejándonos a Stefan y a mí en un universo que parecía haber sido creado solo para nosotros dos.
Stefan me llevó de la mano hacia nuestra habitación. Sus dedos estaban entrelazados con los míos con una suavidad que me