La mañana amaneció gris, con nubes densas que parecían reflejar el estado del corazón de Emilia. Se había despertado entre los brazos de Lucas, aún enredada en las sábanas que conservaban el aroma de la pasión de la noche anterior. Su respiración calmada, su calor junto a ella, le daban un respiro de paz… pero no podía olvidar la sombra que había cruzado la puerta horas atrás.
Lucas se movió lentamente y la miró con una sonrisa perezosa.
—Buenos días, amor —murmuró, acariciando su mejilla.
Emil