El amanecer en la ciudad de acero era implacable. Emilia se ajustó la chaqueta mientras descendía del taxi frente a la sede principal de TecnoInv. El reflejo de los rascacielos sobre el pavimento húmedo le recordó que ese mundo no estaba hecho para gente como ella. Pero ahí estaba, dispuesta a demostrar que nadie decidiría su lugar.
En el vestíbulo, las miradas la siguieron como cuchillas. Algunos empleados susurraban a sus espaldas, otros simplemente la observaban con una mezcla de curiosidad