El reloj marcaba medianoche cuando Lucas cerró el portón de la mansión y regresó a la habitación donde Emilia lo esperaba. La lámpara de pie iluminaba apenas la silueta de su cuerpo cubierto por una bata de seda. La tela caía con suavidad, dejando entrever sus piernas y la curva de su hombro.
Él se detuvo unos segundos en el umbral, devorándola con la mirada. Aquella imagen tenía el poder de borrar cualquier problema, cualquier voz de advertencia.
—No sabes lo hermosa que estás —murmuró, avanza