Habían pasado seis meses desde aquella tarde de lluvia. Seis meses de reconstruir, palabra por palabra, todo lo que la separación había roto.
Lucas y Emilia vivían ahora una rutina tejida de complicidad: desayunos que se alargaban entre risas, noches de trabajo compartido en TecnoInv, mensajes a media mañana solo para decir “te pienso”.
La herida del pasado no desapareció de inmediato, pero el amor creció en los huecos.
Cada día juntos era un acto de perdón y una nueva promesa.
Esa mañana, Luca