La primera luz del día se filtraba a través de las cortinas, con un resplandor dorado que acariciaba las paredes del dormitorio.
Emilia despertó lentamente, consciente antes de abrir los ojos del calor que la rodeaba y recordando el te amo de Lucas que la hacía sonrojar.
El brazo de Lucas descansaba en su cintura, un ancla cálida y firme que la mantenía junto a él.
No era un abrazo posesivo, sino uno que parecía decir aquí estás, todavía.
Podía sentir su respiración, acompasada y profunda, rozá