La mañana amaneció distinta.
No por el clima ni por la ciudad —que seguía con su ritmo habitual—, sino por la sensación invisible de cierre. Como cuando una herida finalmente deja de doler y solo queda la cicatriz, recordando que hubo batalla… y que se sobrevivió.
Emilia lo sintió antes de recibir la confirmación oficial.
Estaba en la cocina, café en mano, observando a Lucas revisar noticias desde su tablet mientras Fiorela ajustaba una presentación universitaria y Ezequiel se preparaba para sa