POV: Franco
El silencio en el centro de comando del Nido era más opresivo que el rugido de la Fortaleza en llamas. El ruido constante de los servidores de Helena, un murmullo tecnológico, se sentía como el latido de un corazón de hierro, frío y perfectamente regulado. Yo, en cambio, sentía mi propio pulso resonar en mis oídos, caliente e irregular, el eco de la sangre que nunca debió ser mía.
Me paré frente al monitor, una pantalla negra y pulcra que me devolvía mi reflejo: un hombre que había destruido su vida para salvar una organización que ahora debía liderar bajo una mentira fundamental. Tenía el título: Dueño de la Ley. Tenía el artefacto: la Gema del Legado. Pero la autoridad, la verdadera, residía en la mujer que estaba a mi lado.
Helena. La Duda. Su presencia era un ancla de hielo. Ella no me miraba; miraba el reloj, el panel de fluctuaciones de voz y la línea de comandos en su propia tableta. Estaba lista para dictar el guion de mi primera, y potencialmente última, actuación