POV: Helena
El zumbido de los servidores en el Nido era el lenguaje de la Duda. Era un murmullo constante y tranquilo, el sonido de miles de transacciones globales que se monitorizaban en tiempo real. Era la antítesis del estruendo de la Fortaleza; allí reinaba la paranoia y el metal; aquí, la precisión y la fibra óptica.
Dejé a Franco en el centro de comando. Él necesitaba asimilar su nuevo rol, el de Dueño de la Ley, forjado en la derrota personal. Su tarea era la más difícil: convertir la herida en autoridad.
Yo me dirigí a la Sala de Criptografía, una cámara blindada y envuelta en luz azul que parecía flotar en medio del Nido. Este era mi verdadero sanctasanctórum, el lugar donde la información, mi única moneda de cambio, era procesada y purificada.
Dentro, Elisa y Giulietta, las Matriarcas, estaban sentadas en una mesa de cuarzo. La Gema del Legado, de un verde profundo y pulsante, estaba conectada a una unidad de interfaz minimalista, rodeada por dos criptógrafos de mi equipo, L