POV: Helena
La luz se había ido por completo cuando el Tridente forzado y la Verdad deambulante descendimos de la Ermita del Cincel Partido. La ladera que antes era un campo de batalla para la posesión, ahora se sentía como un funeral. Llevábamos con nosotros el peso de la muerte, el peso de una nueva guerra y, lo más insoportable de todo, el peso de la verdad.
Franco caminaba delante de mí, iluminado solo por la tenue luz de un farol que había encendido. Ya no era solo el Dueño de la Ley; era un hombre cargando con los restos de su madre en una urna de cristal. Su espalda, que siempre había sido una fortaleza de autoridad inquebrantable, parecía encorvada por primera vez. Había pasado de ser el arquitecto de su imperio a ser el huérfano que había descubierto la traición final de su padre. Yo llevaba el Mapa del Legado, la llave para encontrar al Dueño Ausente, enrollado y apretado contra mi pecho. La Duda se había convertido en la estrategia.
—Su Ley está rota —susurré a Elisa, que c