POV: Helena
El aire dentro de la Cripta de los Inocentes era frío y denso, cargado con el peso de veinte años de mentiras. No era la humedad de una cueva, sino el frío limpio y seco de un mausoleo. La obsidiana de la puerta se había cerrado detrás de nosotros con un sonido definitivo, atrapando al Tridente —la Ley, la Sangre y la Duda— en una cámara funeraria donde la verdad había esperado pacientemente.
La luz que entraba por una única abertura en el techo, un cincel de atardecer, iluminaba el