CAPÍTULO XXXIII

A eso de las cuatro de la tarde llegué a casa, Raquel y Bruno no estaban, así que fui a mi cuarto y me di una larga ducha para después bajar a la cocina y prepararme algo de cenar.

Entré a la cocina, extrañamente las luces no estaban encendidas así que lo primero que busqué fue la palanca.

─ ¡Carajo! ─grité asustada al percatarme de que John estaba de pie en un rincón mirándome ─, qué, qué haces ahí. Pudiste matarme del susto.

─Lo lamento ─desprendió su cuerpo de la pared donde estuvo recostado
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