A eso de las cuatro de la tarde llegué a casa, Raquel y Bruno no estaban, así que fui a mi cuarto y me di una larga ducha para después bajar a la cocina y prepararme algo de cenar.
Entré a la cocina, extrañamente las luces no estaban encendidas así que lo primero que busqué fue la palanca.
─ ¡Carajo! ─grité asustada al percatarme de que John estaba de pie en un rincón mirándome ─, qué, qué haces ahí. Pudiste matarme del susto.
─Lo lamento ─desprendió su cuerpo de la pared donde estuvo recostado