Alejandro necesitaba médico pero se negó a que llamáramos a nadie.
Renzo, que había sobrevivido al ataque con un corte en la cabeza y el orgullo más dañado que el cuerpo, le cosió el hombro en la cocina con hilo quirúrgico que guardaban para emergencias. Yo estuve presente porque Alejandro me lo pidió. Adrián esperó fuera, en el jardín, porque Alejandro no quería mirarlo más de lo necesario y porque los dos parecían haber llegado a una tregua tácita que ninguno iba a nombrar en voz alta.
Cuand