Adrián se fue solo esa tarde.
No me dijo adónde. Solo que necesitaba tiempo y que me llamaría. Y yo, que había aprendido que respetar el espacio de alguien cuando lo necesita es una forma de amor tan real como cualquier otra, lo dejé ir sin preguntar.
Me quedé con Alejandro en la cocina durante un rato más. El café se enfrió entre nosotros mientras los dos procesábamos la misma información desde ángulos diferentes.
—¿Cómo te sientes tú? —le pregunté al fin.
—Raro —dijo—. Durante años construí u