Llegó a las diez de la mañana con una carpeta bajo el brazo y la expresión de quien ha dormido poco y ha pensado demasiado.
Adrián también estaba. Se lo había pedido yo esa mañana, sin saber exactamente por qué, solo con la certeza de que lo que Alejandro traía era del tipo que no debería escucharse sin alguien más presente.
Nos sentamos en la cocina. Alejandro puso la carpeta sobre la mesa. No la abrió todavía.
—La llamada de anoche —dijo— fue de un abogado. No el nuestro. Uno que no había esc