Alejandro me llamó el lunes siguiente con una propuesta que no esperaba.
—Quiero cerrar algo —dijo, sin preámbulo.
—¿Qué cosa?
—Lo de la Corporación Valente original —dijo—. El daño que causamos. —Una pausa—. Hay deudas que no son de dinero y que sin embargo deberían saldarse.
Lo miré, aunque estábamos al teléfono y no podía verme.
—¿Qué propones? —dije.
—Ven mañana y te lo cuento en persona.
Fui. Adrián también vino, porque Alejandro había especificado que era para los dos.
Lo que Alejandro ha