La lluvia había dejado tras de sí un silencio expectante, como si el mundo entero contuviera el aliento. Adrián y yo seguíamos atrapados en ese instante robado, nuestros cuerpos pegados, nuestros corazones latiendo al unísono.
Cuando me aparté apenas para mirarlo, sus ojos ardían con una intensidad que me hacía temblar. La forma en que me observaba… como si fuera un secreto demasiado precioso para ser compartido… me dejaba sin fuerzas para resistirlo.
—Lucía —dijo mi nombre con una suavidad que