La reunión final con Dante fue tres días después.
No en el almacén del sector industrial. Esta vez en una sala de reuniones de un edificio de oficinas en el centro de la ciudad, del tipo que se alquila por horas y no hace preguntas. Luz natural, mesa de madera, sillas que no eran metálicas. Un esfuerzo deliberado por cambiar el registro de lo que había sido antes.
Llegamos Adrián y yo primero. Alejandro llegó cinco minutos después con Renzo, que seguía con esa expresión de haber comido algo ama