Dante se movió antes de las seis de la mañana.
No llamó. No mandó mensaje. Apareció.
Lo sabíamos porque el sistema de cámaras exteriores de la casa alertó a las cinco cuarenta y ocho: tres coches en la calle, luces apagadas, motores encendidos. El patrón de alguien que no viene a hablar.
Adrián estaba ya despierto cuando sonó la alerta. Me lo había dicho la noche anterior: dormiría poco y con el teléfono en la mano. Que eso era lo que hacía cuando sabía que algo podía moverse de noche.
Bajé las