No era solo un expediente de inteligencia.
Era un plan.
Fechas, observaciones, análisis de comportamiento. Mis horarios en la universidad. Las rutas que tomaba. Las personas con las que hablaba. Mis hábitos, mis debilidades, mis puntos de acceso emocional. Todo anotado con la precisión fría de alguien que no recopila información para entender sino para usar.
Y al final, una sección titulada con dos palabras que hicieron que algo en mi pecho se cerrara como un puño:
*Plan de aproximación.*
Lo le