Volví a casa de Alejandro diez días después del acuerdo con Dante.
No de manera definitiva. Con una maleta, con el plan de recoger más cosas, con la intención de tener conversaciones que todavía necesitaban suceder. Pero volví.
Alejandro abrió la puerta cuando llamé, lo cual era inusual porque siempre había alguien en la planta baja que lo hacía antes. Lo que significaba que me esperaba y que había querido abrir él mismo.
Me miró. Me miró de la manera en que te mira alguien que ha tenido tiempo