Capítulo 63. Lo inesperado
El cielo de París estaba encapotado, de ese gris húmedo que impregnaba las calles empedradas con una melancolía extraña. Leiah se detuvo en medio del Pont Neuf, respirando hondo mientras el Sena corría turbio a sus pies. Había decidido viajar con la firme convicción de que cambiar de paisaje la ayudaría a borrar los recuerdos; sin embargo, la ciudad la desarmaba a cada paso. Las luces cálidas de los cafés, las parejas tomadas de la mano, el murmullo de idiomas distintos… todo parecía recordarle