La ausencia de Leiah dolía más de lo que Darren estaba dispuesto a admitir.
Cada noche, al cerrar la puerta de su oficina, cuando las luces del piso corporativo se apagaban una a una, marcaba su número como si fuera parte de un ritual. A veces hablaban hasta quedarse dormidos, otras, bastaba con escuchar su voz unos minutos para que el caos del día tuviera sentido.
Y aunque ella intentaba disimularlo, él sabía que también lo extrañaba.
—Prometo que no será mucho tiempo más —le decía mientras mi