El silencio que quedó después… no era vacío.
Era denso.
Pesado.
Cargado de todo lo que había ocurrido y de todo lo que aún no tenía nombre.
Lía no se movió de inmediato. Su respiración seguía ligeramente acelerada, pero ya no por la intensidad del momento, sino por la sensación que permanecía en su interior. No había desaparecido. Aquella energía seguía ahí, recorriéndola de forma más estable, como si finalmente hubiera encontrado un lugar donde asentarse sin desbordarse.
Era diferent