34. Mis dominios

Fausto.

—¡No me importa! Habla con Vladimir para que te asigne un grupo. ¡Quiero que desaten un infierno!— sentí la furia hervir dentro de mi.

¿Cómo el insolente gobernador de Baja California se había alineado con Salazar?

Peor aun, ¿Cómo el maldito se atrevió a mentirme a la cara en la última reunión que habíamos sostenido?.

¡Absolutamente nadie me va a ver la cara de estupido!

Respire profundamente.

Las cabezas frías siempre piensan mejor. No podía dejar que nadie me sacara de mi sano jui
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