28. Pequeño y precioso diamante
Minutos antes.
—¡Crees que no tengo suficiente trabajo o que! — Vladimir sonó furioso por la línea privada de su celular.
Las camionetas no parecían avanzar en medio del elevado tráfico. Consecuencia de los filtros de seguridad que habían sido colocados en varias partes de la zona hotelera.
—¡Esto no es mi culpa ruso! Yo quise regresar a la chamaca a Medellín, pero Isabela ya se la había llevado a Sicilia— Vladimir rugió cuando escucho el tono burlón de Ulises del otro lado.
¡Cómo todo le po