50. La gótica mexicana
Indra.
En medio del caos, las luces parecieron reconectarse. Por un segundo mis oídos se quedaron tapados mientras gateaba en búsqueda de cualquiera de mis dos niños.
Mis hijos.
¡Cómo habían quedado envueltos en medio de esto! La furia y la desesperación le ganaron a mi miedo.
De reojo miré a Johanna, quien sostenía un arma larga color verde militar, agachada, protegiendo con su propio cuerpo a Dasha.
Me metí debajo de la mesa y sólo vi por unos segundos vestimentas de colores por ambos lados.