39. Corazón hecho de cristal
Indra.
Tuve que tomarme dos vasos enteros de limonada para poder saciar mi ansiedad.
La noche parecía demasiado tranquila, de no ser por los hombres armados que custodiaban cada parte de la casa como si estuviesen resguardando al mismo presidente.
Mi vaso tintineó cuando lo deposité en el desayunador de la cocina, bajo la atenta mirada de Dante y Ulises.
Ambos tenían cervezas embotelladas en cristal, ya descubiertas; sin embargo, ninguno de los dos había dado un solo sorbo.
Sé que Dante había