35. La pólvora
Indra.
Terror. Fue lo primero que sentí cuando mi espalda se estrelló contra la pared, a un costado de la puerta.
El agarre de Fausto se intensificó en mi garganta, impidiéndome hablar. Busqué desesperada su mirada mientras mis manos intentaban quitárselo de encima.
Fausto no me miró. Podría jurar que ni siquiera me reconoció. Como si jamás hubiese tocado sus labios... tenía una mirada tan dura, como si yo fuese su mayor enemiga en ese momento.
Miré por la entrepuerta un segundo, pero solo vi