Luego de pasarse la noche en vela, Eris caminaba por el jardín, aguardando alguna noticia. El retador no había regresado de su visita a las mazmorras. Se consolaba pensando que, de haberle ocurrido algo al Asko, ya lo sabría; las malas nuevas se esparcían como la peste.
Acompañada de una sierva, fue a saludar a los guardias que custodiaban los muros y las puertas del palacio.
—Qué mañana tan invernal y ustedes aquí afuera, con esas armaduras que en nada deben aplacar el frío. Les he traído un